sábado, 11 de septiembre de 2010

INFORME BANGLA.

Miguel Zamorano Galán


INFORME BANGLA


La siguiente es la historia real de un amigo, una historia que puede extrapolarse como paradigma de una realidad que día a día mina la ilusión y la inocencia de muchos jóvenes que nos desengañamos del “mundo justo” en el que nos hacen creer que vivimos desde la más tierna infancia. Para ello primero nos enseñan a comparar lo bien que estamos en relación a cómo vivían nuestros abuelos y nuestros padres, quienes sufrieron regímenes dictatoriales y guerras. Luego nos hablan de derechos, de libertades, cuando vamos al instituto nos enseñan lo maravillosa que es la Declaración de Derechos, lo importante que es La Organización de Naciones Unidas, y el gran adelanto que eso supone en la Humanidad. Posteriormente, ya en la universidad, nos hablan del Estado del Bienestar, cuya definición no deja de ser un vago y mediocre intento desesperado por hacernos creer personas libres. Cuando miramos un poquito más allá de esta burbuja de derechos en la que nos hacen creer que disfrutamos todos, descubrimos algo: que esa libertad, esos derechos y ese bienestar no es más que eso, una burbuja, que a más de ser transparente, es imaginaria y frágil, amén de no englobar a todos, sino únicamente a quienes tenemos por ley, que efectivamente no es igual para todos, esa libertad, esos derechos y ese bienestar. Al igual que la democracia de la antigua Grecia, eslabón perdido de las democracias europeas actuales, sólo disponemos de derechos y ciertas garantías sociales los que somos ciudadanos de pleno derecho. ¿Y qué hay de mi amigo Sail? Él no tiene libertad, ni derechos, ni bienestar, ni garantías sociales.

A continuación narraré su historia, la de Sail, mi amigo, que como tantos otros compañeros sufrieron una odisea que duraría mucho más allá de su viaje y que parece estar acabando por convertirse en una tragedia sin final feliz.

Sail se crió y vivió hasta los 23 años en una zona rural del sur de Bangladesh, un país ubicado en el sur de Asia. Su territorio se encuentra rodeado casi por completo por la India, a excepción de una pequeña franja al sureste donde limita con Myanmar (Birmania). Geográficamente, el país se sitúa en el terreno fértil del delta del Ganges, por lo que está sujeto a las inundaciones anuales provocadas por los monzones y los ciclones que anualmente causan muerte y destrucción a su paso, así como episodios de hambrunas provocados por la destrucción sistemática de las cosechas. Sail es el mayor de 10 hermanos, su familia tiene una estabilidad económica, él me explica que son de clase media, que nada tiene que ver con el modo de vida de lo que entendemos en Europa por clase media, gracias a ello él pudo estudiar y completar el bachillerato adquiriendo su título de Bachillerato en comercio a los 20 años. Posteriormente consigue un trabajo en un Restaurante, él se encargaba de la elaboración de café. Este trabajo para él debía ser transitorio hasta encontrar un trabajo cualificado, puesto que tenía estudios suficientes para encontrar un empleo acorde con su formación, sus expectativas y su visión de futuro. Su padre era profesor en un pueblo grande, además tienen posesiones de tierras, que aunque no muy numerosas ayudan a fortalecer la economía familiar, y afirma no haber pasado nunca hambre, aunque reconoce que en su región sí hay gente que sufre esa lacra.

Y es que entre el colectivo bengalí también existen niveles económicos, aunque sean tan extremadamente bajos como para equipararlos a los del Tercer Mundo al que pertenece su país de origen. Allí, un jornal de 12 horas de trabajo equivale a sólo un euro, que sólo da para comprar un par de kilos de arroz. El ciclón Sidr, que hace poco asoló Bangladesh casi al completo, ha traído consigo una desmesurada subida de precios, que ha empobrecido más aún si cabe a su población. Esta catástrofe natural también ha afectado de forma muy directa a unos 50 inmigrantes acogidos en el CETI, donde han recibido la trágica noticia de que han perdido sus casas y familias a la misma velocidad de los vientos huracanados.

Tras pasar 3 años buscando trabajo relacionado con su campo, o al menos un trabajo que no le anulase como persona que le motivase, decide que ya va siendo hora de ampliar el ámbito de búsqueda. Hace una reunión con sus padres a los que les explica que “si aquí no hay trabajo, habrá que ir a buscarlo fuera, ha llegado la hora de ampliar el radio de acción, -estoy dispuesto a ir a cualquier país del mundo, he estudiado y estoy preparado para hacer un trabajo digno, y no me importa luchar por ello-”. Sail reconoce que los medios de comunicación tales como la televisión e Internet influyeron enormemente en su decisión de ir a Europa, además un chico de su pueblo se fue y triunfó, ¿por qué no él? Tenía un dinero ahorrado, había pasado ya tres años buscando un trabajo cualificado y trabajando para ahorrar. Además tenía el apoyo de sus padres, que aunque con pena e incertidumbre por el futuro del mayor de sus diez hijos entienden la situación y comprenden que puede ser la mejor opción. Además, insiste Sail, será bueno para el futuro de la familia, pues con el sueldo de dos personas apenas daba para mantener a 12 bocas.

Una vez estaba decidido cuál iba a ser el nuevo destino sólo faltaban los preparativos, y el primer paso era tramitar la documentación.

Primero se dirigió al ministerio para tramitar el Visado, pero le pedían como requisito indispensable tener 20.000 euros en el banco y tierras. Demasiado, su familia tenía ingresos, tierras y ahorros, pero no eran millonarios. Sail explica que es normal, que el ministerio de extranjería de su país se asegura de este modo de que esta persona va a volver, y si no vuelve, de manera legal pueden quedarse con ese depósito de 20.000 euros y con sus tierras, pero en realidad eso no es así, le comentaba yo, porque esa persona no tiene por qué quedarse allí como ilegal, ya que si dispone de ese dinero y de esas posesiones puede legalmente comenzar un proceso de tramitación de visado, por lo que no tiene necesidad alguna de quedarse como ilegal en el país de destino, y por tanto no pierde nunca ni ese dinero, ni esas posesiones. Primer intento fallido.

Segundo intento. Sail se dirige con su padre al Consulado de Francia para ir allí a estudiar una carrera universitaria, como hacen los hijos de los poseedores de las grandes fortunas de su país. Su gozo en un pozo, le piden de nuevo que 20.000 euros sean depositados en un banco y los papeles de su casa. De nuevo intento fallido.

Posteriormente trata de probar en el Consulado de España un visado de turista, necesita rellenar un impreso, tener dinero en el banco y demostrar dónde se va a alojar. Pero al final le deniegan el permiso, sin explicaciones.

Por último prueba con los Consulados de Korea del Sur y Japón respectivamente, pero la política de inmigración de ambos países es todavía más perseverante con los migrantes procedentes de Bangladesh.

Agotada toda opción de viajar de manera legal, tras meses de papeleos y mucho tiempo, ilusión y energía depositados en ello, Sail no flaquea, su ilusión se ha convertido en un sueño que ha sido alimentado noche a noche, día a día. Ya le había contado a todo el mundo dónde iba a ir, había consultado por Internet las maravillas de Europa, las series de televisión de producción estadounidense y europea le transportaba a lugares de ensueño, donde todo aquel que se lo proponga puede progresar sin trabas sociales, donde los problemas triviales de cómicas consecuencias llenan las horas del día de sus protagonistas, que pueden abastecerse de todo aquello que les haga felices sólo con pasar la visa tras pasear por las avenidas arboladas llenas de coches que circulan por unas vías extraordinariamente ordenadas por señales, semáforos, aceras… Sail sabía que con su carácter emprendedor, decidido y resuelto, sin duda lograría todo aquello que se propusiese en Europa, además habla inglés, y algo de francés y no tiene inconveniente ninguno en aprender aquello que haga falta, se siente preparado y con energías. Va a funcionar, va a salir bien, le decía una y otra vez a su madre, lo tengo claro.

Fue entonces cuando Sail pensó en ir de una manera u otra, él había decidido que iba a ir, ¿qué era más poderoso que eso? ¿Iba a ser esclavo de unas normas hechas a medida de los que son millonarios, que casualmente quienes hacen las leyes, lo son? Acaso iba su pequeño país a convertirse en una celda para él, en una celda de sueños, en una celda donde sus sueños no pueden cumplirse porque en su país no puede progresar por sus propias limitaciones como país en vías de desarrollo económico, como país exportador de materias primas, como país con un mercado de mano de obra barata, con sueldos paupérrimos, irrisorios, que incluso si se trata de mano de obra femenina o infantil sale más rentable para los comerciantes extranjeros: norteamericanos, europeos, japoneses…

Sail se rebela contra la insolencia del sistema en el que se siente ahogado, quiere salir, y él que se siente un hombre libre, va a salir. Es entonces cuando trata de buscar otros medios, pero ya no está ilusionado, sino que está atormentado, está desencantado, se siente oprimido y pequeño, vulnerable, pero trata de hacerse fuerte, y saca energías de donde no las tiene, es joven, luchador y valiente.

Habla con sus amigos, habla con su familia, trata de contactar por Internet con gente, lee historias, se documenta, sabe que hay una salida, sólo tiene que encontrar el modo. Como el preso que se encuentra en prisión aún sabiéndose hombre libre, como el preso que está oprimido y que ha sido injustamente juzgado por un delito que él no ha cometido. Su familia conocía a gente que había ido, pero no ilegal, que lamentablemente era lo que a Sail ya sabían que le tocaba.

Tras unas cuantas semanas en las que todo se volvió gris, Sail y su padre localizan a una persona que dice poder ayudarles. Se trata de un comerciante que dice haber realizado este viaje con mucha gente, proporcionando los documentos necesarios para hacerlo, todo en regla. Lo único que pide es dinero, paciencia y confianza. A este personaje Sail se refiere como “el guía” que es como a partir de ahora le llamaré, será el eufemismo de traficante, de mafioso.

Les explicó el viaje. En primer lugar viajaría a Dubái, y de allí a Mali, donde esperaría un visado para poder entrar en Europa, en concreto a España. El padre de Sail paga el dinero que le pide el guía tras vender sus tierras, y nunca quiso decirle a su hijo de cuánto dinero se trataba, cogiéndole el hombro y esbozando una sonrisa le decía: -es una buena inversión-.

DUBÁI y MALI:

Sail viajó rumbo a Dubái con el guía, allí le alojó en un piso franco, a los 14 días el guía le dejó hacer una llamada a casa. Entonces viajan a Mali. Donde a Sail se le lleva a un piso franco, bueno… no llega ni a la categoría de piso, es un garaje. El guía le pide a Sail que le deje el pasaporte para tramitar los documentos, y que en 24 horas se irán de allí con todo resuelto, le cuenta que tiene un amigo en la embajada y que ya está todo apalabrado, sólo falta formalizarlo, una gestión muy simple y cuotidiana para él.

Pasaban las horas, las horas dieron paso a los días y allí estaba Sail solo, sin comida, sin agua, sin dinero, sin documentación. Además después de que el guía le metiese el miedo en el cuerpo diciendo que ni se le ocurriese vagar por las calles, que sería detenido, el color de su piel y sus rasgos le delatarían enseguida, pero… por mucho que quisiera, la puerta estaba cerrada por fuera. Un buen día la puerta se abrió, llegaron tres indios con otro traficante, afortunadamente tenían un poco de comida y agua, no era mucho, pero suficiente para poderla compartir con Sail que sufría ya síntomas de deshidratación.

Tras 15 días el guía vuelve al garaje, Sail está furioso y le recrimina que se fuera así, Sail le dice al guía que quiere volver a Bangladesh, y que quiere su pasaporte. Entonces la cara amable del guía se fulmina y ya no le trata como a una persona, entonces le trata como a un sometido, como un animal, como algo de su posesión, le dice que no: ni pasaporte, ni volver, ni mucho menos llamar a su padre. El guía se ha convertido en un criminal, siempre lo fue, pero ahora se descubre, no es un guía es un mafioso, un traficante, y Sail no sabe si también es un asesino. Sail tiene miedo, el “guía” afirma que el visado es legal, vuelve a cambiar el tono y la mirada amenazante, y trata de razonar con Sail, como si Sail fuera un niño, aprovechándose de su desesperación, pidiéndole que confíe en él, que lo primero que le dijo era que tenía que tener paciencia. Le recuerda que “las cosas de palacio van despacio”, que al estar todo en regla y con lo poco que ha pagado no tiene derecho a quejarse, que le está haciendo un favor, que simplemente las cosas se han complicado. El traficante marchó, no volvió a aparecer en mucho tiempo, al cabo de dos meses, los indios le dejaron llamar por teléfono a su padre. El padre llora, pues creía que Sail estaba en Europa ya que es lo que le dijo el guía que se personó en su casa para decírselo.

Al cabo de dos meses y ocho días el guía se presenta de nuevo en el garaje, está molesto, la llamada al padre de Sail le ha molestado mucho, le creó un quebradero de cabeza. Le repite lo de siempre, una retaíla sobre la paciencia y la tranquilidad y algunas sandeces del género. El guía le dice que no se preocupe, que va a presentarle a una persona que le llevará en coche.

Sail se muestra desconcertado, pero… ¿qué otra cosa puede hacer si no encogerse de hombros y ver que nuevas pantallas va pasando? Se trata de algo parecido a un videojuego, pero cuando te caes, te duele, y cuando pone game over, te mueres, sin más, sin “insert coin”, bueno… o puede que sí, ahora veremos.

SAHARA:

Resultó que desde Mali les iban a llevar a Sahara. En este tramo de la historia real de Sail su protagonista se afanó en explicarme que el vehículo en el que les llevaron no era un autobús, ni una furgoneta, era un coche 4x4, dato que no tendría más relevancia si no fuese porque en él iban subidos, hacinados como mercancía barata, 17 personas inmigrantes, y dos traficantes delante. Enseguida cogí mi ordenador portátil y salí a la terraza de mi casa de Melilla, donde estábamos sentados en torno a una mesa baja, Sail, un amiguete suyo, mi mujer y yo, tomando un refresco, con el monte Gurugú a lo lejos y el sonido de los niños jugando a la pelota en la calle, lo encendí, puse google-imágenes y nos pusimos a buscar modelos de coches, hasta que dimos con él: el clásico Land Cruiser antiguo. Por si esto fuera poco Sail me cuenta que sólo tenían un gran depósito de agua… de agua con gasolina. Cosa que me sorprendió enormemente y que me pareció cruel y descabellada, a lo que mis dos amiguetes banglas me puntualizaron que lo hacen como medida para que no beban mucha agua y se agote enseguida. Me siguió pareciendo cruel y descabellado, una atrocidad.

En medio del desierto, les dicen que se bajen del todoterreno, que van a ir a buscar agua, comida y gasolina.

Tardan tres largos y calurosos días en llegar. Se les ha acabado el agua contaminada por gasolina. Están desesperados, algunos beben su propia orina.

Al tercer día los dos traficantes de personas, naturales de Mali, que fueron a por provisiones con el coche regresan. Piden perdón alegando que hubo problemas, que es lo que por lo visto siempre alegan sin dar más explicaciones porque parece ser se ven en una posición de superioridad que les exime de tener que explicar nada a “su mercancía”, porque al fin y al cabo da la sensación de que eso es lo que están transportando: mercancía ilegal, como quien trafica con drogas, con fardos, solo que a estos “encima” les tienen que dar de comer.

Tras atravesar el desierto del Sahara llegan a Argelia.

ARGELIA:

Les dejan a los 17 asiáticos en “un jardín de dátil”, un oasis de palmeras datileras de los muchos que hay al sur de Argelia en los valles repartidos entre las montañas. Les dicen que otra persona vendrá a por ellos. Tras un día y una noche a la intemperie llega una persona que trabaja en el “jardín de dátil”, y se comunica con ellos en árabe y francés. Esta persona les pide los pasaportes, Sail no lo tenía, puesto que el guía nunca se lo devolvió, pero no era el único en esta situación. El trabajador del “jardín de dátil” les dice que se esperen. Al cabo de unas horas apareció la policía, el datilero les había tendido una trampa, seguramente a cambio de algún favor con la policía.

Se tiran trece días en la cárcel. Y cuando son liberados son trasladados a la frontera con Argelia, pero unos cuantos kilómetros más allá, en el Sáhara, tierra de nadie. Una ciudad cuyo nombre no recuerda con exactitud y por tanto no logro ubicar en el mapa tras varios intentos en el todopoderoso google. Se trata de una ciudad libre, no es de Argelia, y no es de Mali, me explica Sail.

MALI:

Entonces una nueva mafia llega a esta nueva pantalla. Les dicen que van a ir a Mali para desde allí llegar a Europa. Eso sí, claro está, con el contrato previo, llamadas, números de cuenta, unos días para ingresar el dinero, sin dejar de lado las amenazas, extorsión pura y dura. Al principio se quedan los 17 en una casa abandonada durante 8 o 9 días. Buscan trabajo, algunos logran trabajar en el campo a cambio de unas monedas. Otros han de rogar para comer. La gente les da comida, las sobras. Sail consigue trabajar la tierra y recoge leña para venderla.

Vuelve a aparecen en escena el antagonista de esta historia, corrijo, uno de tantos: el guía. Este despiadado personaje se pone en contacto con el padre de Sail, le dice que su hijo está muy mal, le cuenta la situación y las penurias por las que ha pasado. Y le dice que si quiere que su hijo vaya a Europa solamente tiene que pagar 2.000 euros. Y que si no se los da, está muerto. El padre comenta que ya pagó un dinero por el que se supone llevaría a su hijo a Europa en cuestión de semanas. La respuesta del guía fue la siguiente: -“no pasa nada…, le responde con tono sarcástico cuando el padre dice no tener ese dinero; tienes más hijos. Si me los das va a Europa, si no me los das, muere de hambre”-. Entonces el padre amenaza con ir a la comisaría, a lo que él responde: -“ve, yo puedo comprar a toda la policía de la comisaría”-.

Finalmente el padre cede al chantaje del monstruoso guía, le paga los 2.000 euros, y le dice expresamente que le lleve a Europa, pero que si no puede, que le devuelva a Bangladesh.

Hasta 6 meses pasaron en Mali tras estar en la cárcel de Argelia.

El guía manda a otras personas a por Sail, y se llevan a los 17. Los 17 asiáticos juntos van a Sáhara de nuevo, recorriendo prácticamente el mismo camino. Después de dos días de travesía dicen: ahora venimos con agua y comida, ellos se inquietan, pero efectivamente, al cabo de unas horas volvieron. Esa misma noche llegan a Argelia, a una zona montañosa, les dejan allí, en un terreno muy abrupto rocoso. Les dicen que esperen allí agazapados en la montaña, que no hagan ruido y que no tardaría en llegar la mafia argelina que se hará cargo de ellos desde allí. Después de seis horas en la noche aparecen dos personas, argelinas, eran ellos. Dicen que tienen que ir andando, comienza a amanecer. Tras siete horas caminando, en las que Sail recuerda un camino muy empinado, rocoso, con grandes precipicios, haciendo hincapié en que estaban muy débiles y que si caían podrían morir, llegan a un altiplano donde les dicen que esperen durante todo el día, que es peligroso viajar de día porque podrían ser descubiertos por la policía. Se quedan allí durante todas las horas de sol. A la noche aparecieron los mafiosos con un pequeño camión en el que transportaban comida y agua, entonces viajan unas 6 u 8 horas escondidos en el camión. El camión se para.

ARGELIA:

Sail sale con todos los músculos entumecidos, con magulladuras y hematomas por cada rincón de su cuerpo, cansado, tiene sueño. Al levantar la vista ve un pequeño poblado, en el que hay grupos de subsaharianos que son transportados también por las mafias. Les dicen que ahora hay problemas, que se van a quedar allí unos cuantos días, que estarán seguros si no hacen tonterías y que cuando el camino esté libre, les vendrán a buscar en una camioneta. De nuevo tuvieron que rogar para comer, con la salvedad de que aquí, a diferencia de en Mali, ni siquiera podían labrar la tierra, -“no había nada”-, insiste Sail. Pasaron hambre y sed.

Al cabo de 7 u 8 días llegan para llevarlos, pero les dicen que se han dado cuenta de que no es seguro, puesto que han pasado varios puestos de policía por los caminos, así que les dejan comida y agua y les dicen que regresarán a por ellos. Tras tres días vuelven con un Land Cruiser. Tras unas cuantas horas de viaje llegan a una casa de la Mafia, allí en un patio, les dicen –“nuestro trabajo acaba aquí”-. Las 17 personas disponen de una sola habitación y un montón de mantas. En las demás habitaciones había otros asiáticos y subsaharianos, incluso había otros bengalíes con los que Sail entabla una amistad durante el mes de estancia que permanecieron en esta casa clandestina. Sistemáticamente son presionados por los mafiosos quienes dicen: -“vuestros traficantes no pagan, ¡llamadles!, y si no nos pagan, llamaremos a la policía para entregaros”-. Los mafiosos entran y salen diariamente, sólo una persona, argelina, cuya función es la de vigilante, permanece allí diariamente, siempre acompañado por su pistola en cintura, como todos, claro, sin embargo esta persona se porta bien con ellos.

Es entonces cuando el guía, el traficante primigenio, pide a su padre que le pague más dinero. Sin embargo a su padre ya se le han acabado las tierras. La única posesión que le queda es la casa, donde vive toda su familia. El guía exige ahora otros 3.000 euros más. El padre en la escuela (privada) gana 3.000 daca, esto es 30 euros, al mes. En padre de Sail se ve obligado a pedir préstamos a bancos, pedir dinero prestado a familiares, vecinos y amigos, y como no conseguía acumular tanto dinero como le pedía el guía extorsionador, al final se ve forzado a contactar con otra mafia para que le adelante dinero, no es gratis, claro, 1.000 euros serán los intereses. Al fin y al cabo, si Sail logra llegar a Europa los ganará pronto. “Inset coin”, y si no… “game over”, el padre de Sail hace entrega de su dinero, es entonces cuando Sail sale del “stand by” y puede pasar a la siguiente pantalla; veremos contra qué monstruos ha de enfrentarse en ésta.

MARRUECOS:

Otra mafia entra en escena. Las 17 personas son trasladadas a Oujda por un camino de cabras, evitando los puestos fronterizos entre la frontera de Argelia y la de Marruecos, una franja de miles de kilómetros que separan unas fronteras cerradas desde el conflicto del Sahara occidental hace décadas, una frontera fuertemente militarizada, y con pocas garantías de seguridad a nivel internacional, una frontera que separa países enfrentados, enemigos, sin contactos diplomáticos, sin conversaciones, cada uno apunta con un rifle a elementos foráneos, como en este caso pudiera serlo mi amigo Sail.

En una montaña, en la provincia de Oujda, pero muy lejos de esta ciudad universitaria del noreste de Marruecos, a escasos 100 km de Melilla, un nuevo traficante, marroquí, les dice que esperen, que va a ir a buscar comida y agua, que pueden echarse a descansar.

Desde esta casa les trasladaron a otro lugar. Se trata de una casa abandonada en medio del campo, rodeado por montañas, allí seguirán los 17, y desde allí saldrán coches lanzadera a España, al menos eso es lo que les decían. Sail ya no creía nada, ni a nadie. Permanecieron allí 5 meses, algunos enfermaron, sólo comían un pan cada 3 días, -“¡un pan pequeño para cada uno cada tres días!”-, insiste Sail con los ojos aguados, pues revivir esto le está resultando verdaderamente traumático, emocionalmente es muy duro, hasta yo tengo el estómago revuelto.

Después de 5 meses de espera un día llegó una persona, y dice que se van a ir de uno en uno. Esta persona elige quién será el primero, se trata de un indio. Sail mira al suelo durante unos segundos, tiene un nudo en la garganta, dice no haberlo vuelto a ver. Muchas veces se pregunta si habrá muerto.

El siguiente en marchar será Sail. Camina junto con el traficante unas 3 horas, entonces le tapan los ojos. Sail escucha olas del mar, ahora hay más de uno, hablan con él un poco en árabe. Le suben en una lancha tipo zodiac, tras media hora en la lancha le quitan la venda, y al cabo de unas dos horas llegan a tierra. Sail ve luces, está emocionado, le dicen que eso España, pero él desconfía, está contrariado no sabe si alegrarse o desconfiar. Le acercan a un acantilado y le dicen que se espere en las rocas hasta que salga el sol y cuando amanezca, que suba.

¿ESPAÑA?

Al amanecer sube el acantilado, encuentra una carretera, calles con aceras, buenos edificios, chalets, efectivamente podría ser España. Entonces pregunta a la primera persona que se encuentra: -“Perdone: ¿Dónde estoy?”-. Este le dice que en Melilla, pero él pregunta: -“¿España?”-. Sí, le contesta el transeúnte. Él llora de alegría, pero entonces el viandante, percatándose de lo que pasa puntualiza, y le explica que es una ciudad de África. Sail queda perplejo y confuso, no entiende muy bien lo que tratan de decirle. Caminando por las calles de la ciudad encuentra a una persona con aspecto oriental, se trata de un indio. Le pregunta si estamos en España, y le cuenta algo similar al transeúnte. Entonces Sail explica al indio lo que acontece, él le aconseja que vaya a la Policía Nacional, y se ofrece para acompañarle, a lo que Sail dice que ni hablar, ya ha pasado por la cárcel, y después le abandonaron en el desierto, no quiere volver a pasar por eso. Entonces el indio se ofrece a llevarle junto con otros compatriotas de Bangladesh y le explican los trámites que ha de hacer para ir al CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes), aunque como veremos, en este caso, lo de “temporal”, podría cambiarse casi por “eterno”, ya que a los bengalíes la estancia de 5 años se le ha hecho realmente una eternidad.

MELILLA:

Melilla es una ciudad del Norte de África, geográficamente se encuentra en territorio marroquí, políticamente se encuentra en territorio español, si miramos desde Europa. Políticamente pertenece a Marruecos si los que miran son los políticos del país vecino, puesto que la cúpula político-militar-religiosa de Marruecos no reconoce la españolidad de este territorio que reclaman como marroquí. Un contexto particular que genera situaciones particulares, como la que estoy describiendo.

Tres metros separan en realidad la “Melilla española” del Marruecos más genuino; quinientos metros teóricos de territorio neutral separan estos dos estados desde que se firmaron los tratados y convenios internacionales entre España y Marruecos en 1959 y 1960 estableciendo que "deben existir 500 metros apátridas en la frontera". Ese terreno es sólo teórico porque no es respetado por Marruecos, que se ocupó de construir viviendas, puestos fronterizos y almacenes a apenas un metro de la valla que separa ambos territorios. Incluso la distancia que hay entre ambos lados del puesto fronterizo de Beni-Enzar es de sólo la mitad como han denunciado reiteradas ocasiones el Sindicato Unificado de Policía (SUP) y la Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC). Esa valla se ha convertido en una trampa que ha causado por sus características la muerte de personas inocentes que sólo buscan un futuro digno.

En el territorio español existen unas leyes de extranjería que son obra de estudio, discusión y posterior aprobación por los órganos políticos y jurídicos pertinentes. Que han de ser cumplidas por todos los ciudadanos y por las autoridades públicas que velan por nuestros derechos y nuestra seguridad pública. Pero en un lugar excepcional como el territorio de Melilla parece que hay cabida a limbos legales que se presentan a mi entender cual agujeros negros de derechos, libertades y donde todo parece difuso, no existe una línea clara y definida entre las competencias locales (Ayuntamiento, cuyo representante político es el alcalde, en este caso el excelentísimo Juan José Imbroda), provinciales (ciudad autónoma de melilla, también Juan José Imbroda) y el Gobierno Central (que se delega en la Delegación del Gobierno, puesto que ocupa el señor Gregorio Escobar), quienes se suelen pasar la pelota en cuanto a la política de inmigración se refiere.

A continuación apuntaré dato interesante publicado por el periódico El País a colación de la muerte de Safia Azizi, licenciada en literatura árabe, quien murió aplastada por una avalancha de entre 300 y 400 porteadoras en la frontera de Barrio Chino que la Delegación del Gobierno acondicionó para este lucrativo negocio llamado por las autoridades con el eufemismo de comercio atípico, es decir contrabando. “Los réditos del contrabando, junto con el blanqueo del dinero del hachís, y el tráfico de personas explican, en parte, que después de Madrid, las sucursales bancarias de Ceuta y Melilla sean las que más dinero acumulan en depósitos, según un informe de Caja España”.

Sail, al margen de estas peculiaridades, se siente feliz de estar en Europa, creyendo que era garante de una serie de derechos que día a día, mes a mes, año a año, ha visto cómo se desmoronaban hasta desaparecer, hasta ser trasladado hoy a una Cárcel de Barcelona (las autoridades lo nominan con el siguiente eufemismo: CIE, siglas que significan “centro de internamiento de extranjeros”, ¿por qué?, por cometer el crimen de viajar para buscar un futuro mejor. Sail se ha dejado la piel para luchar por aquello que disfrutamos todos los chavales de mi edad en este lado del mundo, corrijo, por bastante menos.

Nos hemos acostumbrado, nos hemos inmunizado, inhumanizado, y a veces preferimos no verlo.

Sail ingresa en el CETI tras conversar con sus compatriotas, quienes le ayudan a hacer los trámites en la Policía Nacional para ingresar en el centro. En la comisaría central le hacen una pequeña ficha, y ya puede acudir al centro de inmigrantes, donde le entregan una tarjeta plastificada con su foto que le servirá para identificarse al entrar y salir del CETI y para identificarse igualmente ante las autoridades si así lo requiriesen, se le asigna una cama en una habitación compartida con otras 8 personas de su misma nacionalidad. Los baños son comunitarios y les garantizan tres comidas al día y ropa. El no puede creérselo, descansa y empieza a pensar en buscar un trabajo. Al hablar con los suyos se le cae el mundo encima. No les dejan trabajar. No pueden trabajar. Lo tienen prohibido terminantemente. Melilla es una ciudad de escasos 12 km cuadrados, todo el mundo se conoce, en cada calle hay chivatos de los numerosos cuerpos de seguridad, y los fraudes en cuestiones de inmigración y trabajo irregular, aunque están a la orden del día, también son fuertemente perseguidos y castigados puntualmente con sanciones tributarias enormes que atormentan a los empresarios de buena fe que quisieran contratar a estas personas, pero que no pueden por miedo a ser multados.

Como solución le explican que algunos trabajaban, a las puertas de los supermercados ayudando con las bolsas de la compra a las amas de casa y a los ancianos, o descargando los camiones de mercancías en los comercios, limpiando y barriendo los mismos, una mudanza por aquí, que si te limpio el coche por allá, y así podían ganar unas monedas, que suelen gastar en llamar por teléfono a su familia, enviarles algo de dinero (para lo que tenían que pedir el favor a alguien de confianza que vaya a correos y envíe por giro postal el dinero a su familia, puesto que ellos no poseen tampoco ese “derecho”) y también para mantenerles ocupados, con el espíritu vivo, pues son en esencia trabajadores, que han venido a trabajar, y quedarse de brazos cruzados no haría más que atormentarles y sumirles en una depresión profunda, que en muchos casos afloraría con el paso de los años. Y eso que muchos de ellos han recibido cursos de español, con acreditación oficial, en el CETI, cursos de pintura, de albañilería, de carpintería, es decir que están cualificados para trabajar con un título expedido por un organismo público español.

Fue así como Sail eligió y se dedicó a limpiar coches en una calle de Melilla, siempre la misma, se sentía cómodo allí, las personas que vivían en esa calle, con el paso del tiempo se sintieron muy cómodas sabiendo de su presencia, nunca faltaba su ayuda desinteresada cuando ibas cargado con la compra, con el carrito del niño, bajando algo voluminoso del coche, cuando pasaba el desfile militar y no habías cambiado el coche de sitio y estaba la grúa ya acechando, ahí estaba él para apresurarse a llamarte a tu timbre, o iba corriendo a buscarte a la oficina. Tu coche, tu moto, tus sobrinos que juegan en la calle estaban siempre siendo atendidos por la mirada atenta y alegre de Sail, quien no dudaría nunca en echarte un cable si fuera necesario. Y eso sí, los coches: relucientes, daba gusto pasear por la calle de Sail o de Mohamed, o de Mohidul, o de Alí, o de Hasan, cualquiera de los 63 compañeros bengalas. Los miembros de los cuerpos de seguridad, policía y guardia civil, les saludaban con una sonrisa. Aquellos que lean esto desde la Península pensarán que vivo en un cuento de hadas, en un mundo de ponis rosas, quienes habitan la lejana ciudad de Melilla, saben de qué hablo, no exagero.

Así Sail se hizo un huequecillo en el corazón de algunos de nosotros, de sus vecinos.

La comunidad de los bengalíes se iba gestando con fuerza, sobre los pilares del respeto, y de las situaciones extremas que vivían, unas realidades muy similares entre ellos, que eran muy distintas de los que vivimos allí con plenos derechos. Otro compañero Mohidul, me comentaba que a sus 19 años, le gustaría echarse unas risas con sus amigos, ir al cine con alguna chica, en definitiva divertirse como lo hacen el resto de personas de su edad naturales de Melilla, pero para ellos la diversión formaba parte de la última de sus preocupaciones. Con el paso del tiempo, bodas de familiares, nacimiento de familiares, muertes de familiares, etc., hacen que el deseo de salir de esa burbuja sea cada vez mayor. Algunos comienzan a decir que quieren volver a Bangladesh, pero no es tan fácil. Para que una repatriación se haga viable es necesario que el embajador firme, para ello debe haber una voluntad expresa del gobierno de Bengala para levantar la orden de no recibir más repatriaciones desde territorio español. Por tanto no podían salir de Melilla, puesto que no se les permitía entrar en territorio español, sí es una contradicción, Melilla en principio es España, pero esta contradicción forma parte del propio ente de la peculiar ciudad que tenemos ahora por escenario.

Una noche cualquiera, Sail despierta de sus sueños sobresaltado en medio de una escena de horror, un espectáculo dantesco, deleznable, tiene miedo. Mientras duerme plácidamente escuchando las chicharras y alguna rana ocasional que desde el río de oro llama la atención entre las sombras largas que propician los focos que rodean el CETI, se escuchan gritos, sirenas, golpes, ruidos de literas de hierro que se arrastran chirriantes por el suelo como a empujones, niños que lloran, madres que gritan, hombres que saltan buscando auxilio, camisetas desgarradas, lágrimas, llantos. Una redada, a las 4 de la madrugada ha provocado el caos. -“Tranquilo”- le dice con voz apaciguadora un compañero de habitación que desde dentro del cuarto, con la puerta entornada, se asoma al exterior del barracón. No vienen a por nosotros, hoy se llevan a los negros, según parece. Los demás se relajan. Él desconcertado no entiende nada. Y entonces le explican que se ha tramitado la orden de expulsión y es así como les capturan. El CETI de este modo se convierte en un Centro de Concentración para Inmigrantes, que con medidas de seguridad propicia un hermetismo a modo de embudo para capturar en circunstancias propicias a los que han de ser deportados a la miseria. Los días siguientes hay más redadas, se corre el rumor de que pueden tener una orden de expulsión tramitándose. Hay que actuar en consecuencia, no pueden meterse en la boca del lobo, en adelante dormirán fuera del CETI, en unas chabolas, al lado de la frontera de Farkhana, una pequeña población marroquí que se encuentra a escasos metros de la valla, se crea así una bolsa de pobreza, dominada por chabolas, detrás de las cañas del río, en una vaguada que cuando la vi por primera vez quedé espeluznado. Durante varias semanas yo hablaba de ello a amigos y vecinos de Melilla, nadie sabía de la existencia de este fenómeno chabolista en su ciudad. De este modo permanecieron semanas durmiendo a la intemperie, con frío, humedad, algo de hambre y sed, ya no podían tener dinero para llamar a su familia puesto que algunos preferían no bajar a trabajar para no rondar el centro de la ciudad. Algunos desalmados les roban violentamante los teléfonos móviles y las pocas monedas que pudieran llevar encima. En principio iban a comer y cenar al CETI, pero la policía se percató y realizó algunas redadas a por subsaharianos a las chabolas, incluso unos años después (esta situación se ha ido repitiendo periódicamente) aprovecharon también para ir a detenerlos durante la comida o la cena en el interior del centro de inmigrantes, entonces ya no iban al CETI ni para eso, los compañeros que permanecían dentro les proporcionaban comida que ellos dejaban de comer para repartirla entre el resto de “refugiados”, eso sí, con cuidado, pues estaba terminantemente prohibido sacar comida del interior del CETI, ya que la dirección sabía para qué era. Me han llegado a comentar que se tomaban medidas disuasorias, como que al que pillaban sacando comida le penalizaban denegándole la salida del CETI en una semana (retirándole la tarjeta), o eso o no poder entrar en una semana al CETI, si es que decidieren salir. De este modo imagino que trataban de presionar para que los inmigrantes durmiesen y fueran a comer y cenar al centro, que se convertiría en una ratonera, una trampa sin salida por si tenían que ir a montarlos en los furgones para pasar a disposición policial, y privarles de libertad hasta su expulsión, en caso de que ésta se tramitara por orden de un juez.

Pasaban los años y Sail, como sus compañeros estaban desconcertados, contrariados, desengañados.

El responsable de la ONG PRODEIN recordó a la agencia de noticias Europa Press (21/02/2008) que a finales del 2007 se presentaron ante la Delegación del Gobierno 1.500 firmas de ciudadanos de Melilla "con el fin de facilitar una simple audiencia con el delegado del Gobierno para plantear sus aspiraciones, pero a día de hoy aún no ha habido respuesta alguna". No es fácil para un grupo de inmigrantes cualquiera conseguir ese número de firmas, y menos en Melilla, que les recuerdo que no es Manhatam precisamente. Pero es que este grupo de inmigrantes no era un grupo cualquiera, y se convirtió en una labor realmente fácil, que repetirían incluso un par de años después. Cada bengalí pasaba una hoja de firmas en la calle en la que “trabajaba”, y los vecinos se mostraban afectuosamente dispuestos a firmar y depositar su número de DNI, la sociedad civil de Melilla realmente creía, cree en su honestidad y en su bondad. Pero aún así un juez ha declarado en un auto que estas personas no tienen arraigo, y es uno de los motivos por los que abre un proceso de expulsión contra ellos.

CETI:

Pero, realmente en qué consiste el CETI, ¿es un CIE como los que existen en la Península? No, claro que no, en política de inmigración, como he dicho, parece tratarse, en la práctica, de una manera singular los casos de Ceuta y Melilla, hijas pequeñas de España, como algún iluminado afirma. Pequeñas y menores de edad por lo que parece, porque se toman medidas del todo tuteladas y del todo mimadas, en ese caso más que hija parece nieta, pues su imagen se cuida, las noticias se permeabilizan y en determinados temas tiene un trato especial, y distinto.

El CETI de Melilla es un centro de acogida en el que residen los inmigrantes no marroquíes mayores de edad que se encuentran en una situación de desamparo, allí se les proporciona alimento, comida, habitaciones (de 8 camas), instalaciones aptas para el aseo, ropa y algunos cursos de formación e integración. De modo que pueden esperar, de forma digna, a que se les deporte, o se les traslade a la península con algún tipo de permiso. Su permanencia en el centro debe ser de seis meses, pudiéndose renovar a solamente a otros seis, si fuese oportuno. En el caso de los asiáticos: indios, paquistaníes, cachimires y bangladeshes, la ley no se respeta, puesto que llevan ya unos 5 años en el centro. Es una medida lógica, si están en el centro no están sobreviviendo por las calles, y si se les cubre una serie de necesidades básicas, no se ven forzados a vivir en la calle y buscarse la vida para alimentarse, lo que podría provocar un ambiente inseguro, o arrastrarles a cometer los denominados “delitos famélicos”, mínimamente penados por las leyes españolas, ya que persiguen la alimentación personal, algo básico para la vida.

«Los delincuentes que están en la cárcel saben cuándo acabará su condena; nosotros no». Es la frase que repiten cada vez con más indignación los bengalíes que desde finales de 2005 residen en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Melilla (CETI), una prisión con las puertas abiertas a la que regresan cada noche con la incertidumbre de no saber qué será de ellos mañana. (cita de: Sur, Ventura Grarcía, 30-08-2010).

El procedimiento para ingresar en el CETI es sencillo. La persona extranjera debe personarse en la comisaría del Cuerpo Nacional de Policía, en el antiguo cargadero de mineral. Una vez allí muestra su documentación, si es que la tiene; y si no posee documento alguno dice su nacionalidad, que será corroborada por un intérprete, quien conociendo la lengua del país sabe si miente o no. A veces en lugar de interpretes la policía hace uso de “los chivatos”, extranjeros que, abducidos por la policía generalmente a cambio de favores o privilegios, les chivan si el recién llegado es paisano suyo, o si por el contrario es un truco para conseguir un trato mejor que el que recibiría si dijese la verdad. Resulta natural que algunos quieran mentir, porque no todos los extranjeros reciben el mismo trato. No es lo mismo que seas de un país en guerra, y por tanto cabe la posibilidad de que la haya una tramitación del derecho de asilo, cosa que puede suceder también, aunque en la práctica resulta algo excepcional, a aquellos que provienen de lugares con hambrunas, catástrofes naturales, o casos excepcionales, por ejemplo persecuciones por motivos de discriminación sexual, religión o pensamiento, que atentan contra los derechos humanos fundamentales. Pero al margen de esas distinciones, moralmente aceptables, existen otras, de ética más que cuestionable:

En este país no existe una nacionalidad que tenga vetada la entrada en nuestro territorio. Cualquier persona de cualquier país puede venir a España. Eso es una verdad a medias. Cualquier persona que tenga suficiente, bastante o mucho dinero (según de dónde venga) puede venir a España, y lo puede hacer como turista, pero no exclusivamente. No es difícil, para una persona con recursos económicos, rica, conseguir la residencia, el permiso de trabajo, abrir una empresa, una filial, o una sucursal, en nuestro territorio. La persona que tiene dinero puede venir a trabajar a España, y puede hacerlo de una manera mucho más sencilla, con menos trabas, que la persona que no tiene dinero, y que se ve en la necesidad de venir a trabajar a los países ricos. Si nos fijamos un poco, en nuestro país hacemos distinción, o al menos es lo que se percibe en los “mass media”, entre inmigrantes y extranjeros, siendo los primeros personas sin recursos económicos. Así, una persona inglesa que trabaja en Torremolinos en un bar, lo identificaremos como extranjero, mientras que si lo hace una persona de Camerún, posiblemente hablemos de un inmigrante.

Por tanto nos encontramos con tratos diferenciados, yo diría incluso discriminatorios, siguiendo criterios de: procedencia, y riqueza material.

Profundizando un poco en los criterios de procedencia, encontramos un trato diferenciado según el área de emigración. En Melilla esas áreas son:

Países ricos, con una economía desarrollada. Ninguna traba para trabajar, alojarse, o visitar la Ciudad Autónoma.

África subsahariana: los inmigrantes que lo soliciten ingresan automáticamente en el CETI, se les abre un expediente, se estudia su posible extradición y si es posible se le repatría mediante una orden de expulsión. Si no, se le traslada a la península. Se trata de inmigración tanto masculina como femenina, a diferencia de la del resto de áreas, que suele ser fundamentalmente masculina.

Asia: también tienen facilidad para ingresar en el CETI. Sin embargo, se les retiene en Melilla cual reclusos en una cárcel, minándoles psicológicamente, pues no pueden trabajar, no pueden por tanto tener dinero para ser libres e independientes, y se ven obligados a estar aislados en el CETI (ubicado a las afueras), no pudiendo por tanto, progresar socialmente, ni superarse individualmente. A muchos les atormenta no poder enviar dinero a sus familias, que a menudo lo han vendido todo, incluso han pedido préstamos para enviar a sus hijos a trabajar a Europa, y muchas veces para pagar a las mafias que les extorsionan y acosan constantemente. La única manera de llegar a Europa, si no dispones de unos 8.000 euros (una cifra astronómica para cualquier país asiático en vías de desarrollo) y/o bienes inmuebles que te avalen para conseguir un visado en el consulado del país al que deseas viajar, en este caso España, es contactando con la mafia. En algunos casos, como las personas oriundas de Bangladesh, no es fácil repatriarles, su gobierno no acepta más deportados. Además no es tan barato como expulsar a un argelino o a un senegalés. Sin dejar de lado una cuestión táctica maquiavélica: posiblemente haya una finalidad expresa, el medio es el mensaje. Si están mal aquí dejarán de entrar, y eso es una realidad, ahora buscan nuevas rutas, el grupo de 64 personas de Bangladesh salió por la televisión pública de su país advirtiendo que la situación es muy mala, que no vengan más personas a Melilla, frenando así lo que algunas personalidades políticas denominan “efecto llamada”.

Argelia: no suelen dejarlos ingresar en el CETI. Recientemente hay algunos argelinos que sí llevan meses internos. No se sabe qué criterios sigue la policía, ya que asistiendo un grupo numeroso de personas a solicitar el ingreso hace algunos meses, a algunos les dejaron entrar y a otros no. A los que no pudieron entrar, la policía les citó unas semanas después para formalizar su ingreso, hicieron esta jugada algunas veces, y cuando asistían a la entrevista con la policía les volvía a citar para otro día. El goteo de argelinos que entran a Melilla es constante, diario. Cuando en las puertas de la comisaría se personaros 35 personas, un número considerable, prácticamente toda la colonia argelina que vive fuera del CETI (en las chabolas), la policía aprovechó para detenerles y así poderles deportar. La deportación es barata, puede hacerse vía marítima. La similitud, a ojos de los españoles, de las autoridades policiales sobre todo, de éstos con los marroquíes parece ser otro factor en su contra, puesto que existe el temor de que el CETI se colapse, se llene de marroquíes, de “falsos argelinos”, aquellos marroquíes que por el método citado anteriormente pudiesen hacerse pasar por argelinos.

Marruecos: suele decirse que cualquier marroquí puede entrar en Melilla. Otra verdad a medias. Cualquier marroquí que disponga de un pasaporte. No cualquier marroquí puede disponer de un pasaporte ni una visa, hay toda una serie de requisitos a cumplir que ahora no vienen al caso. Además existe un documento específico empleado para la libre circulación de marroquíes con mercancías no declaradas. Este documento está expedido por España, funciona a efectos prácticos como un pasaporte, pero sólo pueden poseerlo los marroquíes, que tienen un paso fronterizo específico para realizar lo que se denomina con el eufemismo “comercio atípico”, contrabando. La entrada de aquellos que disponen de alguno de estos dos documentos está muy restringida en el tiempo, debiendo abandonar generalmente el territorio melillense a una hora determinada, no pudiendo entrar todos los días de la semana.

Sahara Occidental: También entran, pero suelen quitárselos de encima lo más rápidamente posible porque es molesto de cara a las relaciones con el país vecino. El Sahara Occidental y el Frente Polisario son temas tabú en esta ciudad. Suelen volar rumbo a la Península, donde son internados en CIEs o se acepta a trámite una petición de derecho de asilo.

La libertad de circulación, también enunciado como libertad de movimiento, es el derecho de toda persona a moverse libremente por el mundo, ya sea dentro de un país o de un país a otro. Está reconocido parcialmente en el artículo 13º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Muchos de los inmigrantes subsaharianos o asiáticos que hay en Melilla, han pasado por las cárceles argelinas o marroquíes, algo bastante frecuente, puesto que les detienen por su condición de ilegales, y pasado algún tiempo que puede oscilar de semanas en el mejor de los casos, a meses, fletan unos cuantos autobuses o camiones y se los llevan al territorio fronterizo para expulsarlos de su país por donde, supuestamente han entrado. Se ha llegado incluso a situaciones en las que el ejército marroquí abandonaba a los negros procedentes del áfrica subsahariana a su suerte en el desierto del Sahara, con la clara intención de que muriesen de inanición y desapareciesen del mapa, es muy caro repatriarlos, por lo visto, y Marruecos no tiene dinero para eso, sí para mantener el muro que de una longitud superior a los 2.720 km construidos para tratar de someter el Sahara Occidental.

SEGUIMOS EN MELILLA:

Volviendo con la historia de los banglas y en concreto de Sail, en el año 2008 unos 150 belgalíes vivían en Melilla, en el CETI, anteriormente ya habían repatriado a 32.

Decidieron tomar medidas, se sentían amenazados, debían hacer algo, al menos llamar la atención de quienes respetan los derechos humanos, confiando en que hubiera una salida a la situación de desamparo en la que se encontraban. El diario El Mundo (21/02/2008) publica una noticia con el siguiente titular: “Un centenar de asiáticos, en huelga de hambre frente a la Delegación del Gobierno en Melilla”. Y en una entrevista a Europa Press Jose Palazón declaró que "los internos en huelga de hambre sólo parecen querer hablar y no pierden la oportunidad de hacerlo con cualquier ciudadano que pase por las proximidades. El tema siempre es el mismo: te hablan de sus hijos que hace cuatro años que están esperando para llevar una vida mejor en sus países, de la desesperación de sus mujeres que tienen que trabajar para mal alimentarlos, del hambre, de la enfermedad, de la falta de libertades, de la gente que han visto morir durante el viaje... Un viaje en el que no han sido considerados seres humanos en ninguna de sus etapas....Tampoco en Melilla, territorio de la UE", apuntó finalmente José Palazón.

Finalmente, cuando volvieron al centro de inmigrantes, de nuevo a altas horas de la madrugada el caos asoló el CETI. Una nueva redada, los policías uniformados se llevan uno a uno a los banglas, Sail se esconde primero debajo de la cama, luego lo ve más claro, y al ver cómo revisan las taquillas decide que es buena opción, si ya las han mirado no lo volverán a hacer, se agazapa como una lagartija hasta la taquilla. Antes de irse, uno de los uniformados abre parcialmente la taquilla, Sail no sabe si no le vio, o si “se hizo el longuis”, yo opto por lo segunto, quiero pensar que es lo segundo, y además no me cuesta, posiblemente Sail le había llevado alguna vez las bolsas de la compra, limpiado el coche… no es difícil, repito, melilla tiene 12 km cuadrados, todos somos vecinos.

Pasa el tiempo, poco a poco el grupo se reorganiza. Poco a poco va llegando exhausta la gente por goteo, algunos atraviesan la valla nadando por el mar, otros en zodiac, otros escondidos en coches de mafiosos que cobran hasta 3.000 euros por pasarles de un lado al otro de la frontera de alambres en un doble fondo o en algún escondrijo singular de su vehículo, pero son mafiosos sin aspecto de mafioso, sin llevar un tren de vida de mafioso ni si quiera. A veces son gente que hace una vida normal, con su trabajo, con sus hijos, simplemente se sacan un dinerito, a veces un par de veces, otras cada semana, otras solo una vez en la vida, pero piensan “si paso cada día la frontera, y jamás me han mirado los asientos de atrás, pues vacío la gomaespuma, hundo la chapa, y ya está, simple”. Se ingenian miles de maneras de atravesar la frontera física, materializada en la falta de humanidad de una obra arquitectónica que, como dice mi amigo Jose Palazón estaría prohibida si se tratase de una trampa para animales, por lesiva: entramado de cables justo debajo de una caída de 12 metros, que ha sido nombrada por las autoridades con el eufemismo “sirga tridimensional”, tubos de gas lacrimógeno, vallas giratorias con caída libre de 12 metros (pensado para que caídas de espaldas), luces intermitentes provocadas por focos que aturden por provocar ceguera transitoria, y sirenas de luz y sonido, amén de torretas de vigilancia; esto en el lado español. En la parte marroquí de la valla es más simple, las fuerzas auxiliares un cuerpo militarizado de apoyo a la policía, disparan a matar.

Una fría mañana de invierno del año 2009 recibo una noticia alentadora, los banglas van a organizar algo grande, una movilización en toda regla, vendrá el cónsul de Bangladesh, el presidente de la asociación de Bengalíes de España, presidente además de la asociación de vecinos de Sta. Coloma, Satar. La televisión pública de Bangladesh, y la asociación Papeles Para Todos de Barcelona, con su representante Enrique y dos voluntarias Paula y Alexandra, todos grandes personas. Los banglas sienten que no están solos, lo sienten, deciden movilizarse y en asamblea deciden hacer cada sábado por la noche, “noche de vigilia”, una sentada pacífica en la Plaza de España, frente a la Delegación del Gobierno, que es además el palacete del delegado Escobar, y frente al ayuntamiento. Al principio era verdaderamente divertido, un balón de oxígeno, ellos reían, tocaban percusión y las palmas haciendo música, cantaban efusivamente, era una buena terapia. Hasta que una noche un policía borracho y quiero pensar que fuera de servicio les dijo con muy malos modales que esas no eran horas para hacer ruido, y que eso está prohibido. Desde entonces nunca más hubo música. Porque ellos consideran que el respeto es lo más importante, y para ellos ese señor es un hombre de ley y hay que obedecerle. Así pasó el invierno, bastante pasado por agua, por cierto. Recuerdo que Sail cada sábado noche desaparecía con un par de compañeros durante unos minutos y volvía de una tienda que abría hasta altas horas de la madrugada con unos 80 refrescos y otros tantos dulces, repartiéndolos entre todos. La verdad es que la presencia ciudadana brillaba por su ausencia, pero aunque escasos siempre había vecinos hablando aunque fuera un rato con ellos. Esto es debido más a la idiosincrasia de esta ciudad vallada africana que al desinterés por estos vecinos asiáticos. Y así, entre derrapes de coches de alta cilindrada y algunos borrachos de turno que se acercaban a decir todo tipo de cosas, pasó el invierno, sin respuestas desde el palacete del delegado.

Al inicio de las movilizaciones la presencia policial se hacía incómoda, nos pedían la documentación a los vecinos españoles que estábamos con ellos, apuntaban cada palabra de las pancartas, incluso a veces seguían tus pasos hasta que llegabas al portal de casa. Con el tiempo esto se normalizaría y no existiría ya dicha presión. De hecho recuerdo el día en que los banglas llamaron por teléfono a la policía porque unos ladrones estaban asaltando un puesto de los que ponen en la entrada del Parque Hernández por Carnaval, la policía fue enseguida y les apresó.

La asociación “Papeles y Derechos Para Todos” redactó una carta al Defensor del Pueblo, cuyos puntos más significativos serían los siguientes:

Sean indios o bangladeshíes o de cualquier nacionalidad, les une su precaria situación y sus reivindicaciones.

63 personas de Bangladesh, que llevan residiendo en el CETI de Melilla entre 28 y 42 meses se encuentran actualmente en lucha para evitar su repatriación.
La situación de estas personas es dramática:

1. Por la falta de perspectivas de su vida tras su estancia en el CETI, mientras contemplan que otros compañeros de otras nacionalidades están siendo trasladados a la península.

2. Por la situación tan grave que atraviesan sus familias en su país de origen. Bangladesh es un país con una situación social, política y económica crítica y de vulneración de los derechos humanos acentuada por las últimas inundaciones.
3. Por permanecer más de dos años en una situación de “limbo” y aislamiento como conlleva la permanencia en un CETI: sin trabajo, sin saber qué va a pasar con sus vidas, con la incertidumbre de que cada madrugada llegue la repatriación.
Lo que en definitiva nos lleva a calificar la situación de emergencia humanitaria.
No podemos permanecer impasibles ante esta situación dramática que vive este colectivo.
Reclamamos para ellos los papeles y su traslado a la península
.

El primer día de concentración pacífica la directora del CETI recuerdo que presionaba para que los banglas no se movilizasen. Les “recomendaba” que no lo hicieran, que iba a ser peor, que si se manifestaban tendría consecuencias fatales, que ella sólo quería lo mejor para ellos, que se fueran al CETI y se dejaran de historias, que sólo empeoraría las cosas. Yo percibí un poco de susto por parte de las autoridades, era una movilización normal, derecho al pataleo al fin y al cabo, estaba todo en regla, regularmente anunciábamos a la policía y a delegación del gobierno que iba a haber una concentración pacífica, pero creo que les asustaba la repercusión mediática que pudiera tener, pues si la prensa mete los hocicos en Melilla puede aparecer de todo bajo la manta, y nada bueno, la prensa foránea (y subrayo lo de “foránea” que es la que se escapa al dominio y a los pactos tácitos e intereses simbióticos y parasitarios) ha hecho mucho daño a la imagen de la ciudad (me refiero a los saltos del 2005-6 que tantos quebraderos de cabeza supuso al gobierno central y a la ciudad, que desde entonces tratan de permeabilizar cualquier noticia molesta relacionada con el asunto). Y a la directora del CETI o al delegado del gobierno podría asustarles, por ejemplo, que se airease el hecho de que un grupo tan numeroso de inmigrantes llevaran ya más de 4 (y llegaría a más de 5) años en el CETI cuando es sabido que en el CETI se puede permanecer 6 meses, renovable a sólo otros 6 meses. Algo raro estaba pasando.

Las movilizaciones de Barcelona eran apoyadas y respaldadas por manifestaciones y sentadas en ciudades como Madrid y Barcelona, que amplificaban sus voces. Hubo una coordinación directa entre Melilla y Barcelona, cuyos vínculos siguen hoy vivos.

El invierno daba paso a la primavera, y el colectivo bangla decidió cambiar el lugar de sus protestas, irían ahora los miércoles por la tarde a la plaza del sagrado corazón, frente a la iglesia del centro. Ordenadamente se situaban en círculo y pasaban la tarde charlando con los vecinos, con algún periodista europeo que visitaba la ciudad, comiendo pipas… un día fue a visitarlos Rajoy, quien aseguró que si él estuviera en el gobierno, ellos no estarían así. Toma curiosidad.

De esta guisa llegó el primero de mayo los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, invitaron a los banglas, a los que harían un homenaje y mención especial en el pregón de cada año en la Plaza de los sindicatos, la 1º de Mayo. Se peleaban entre estas dos grandes corporaciones sindicales por ponerles el chalequito, la gorrita, el pin, y colocarles en la mano la banderita de su corporación. Desde luego huelga decirlo, sin ellos hubiera sido el 1º de Mayo más triste de Europa, estábamos ellos y otro puñado de vecinos, para de contar. Me sentí muy extraño, fue el primero de mayo más raro de la historia.

Desde la asociación PRODEIN se gestó entonces una nueva estrategia: los bengaleses irían a empadronarse al ayunamiento, cada día dos, y cada día se les negó empadronarse, pero se quedaron con un papelito que acreditaba que se les había negado, eso se puso en conocimiento del Defensor del Pueblo, quien recomendaría a los órganos competentes se les permita tramitar tal documentación. En efecto, este fenómeno se produce justo cuando el alcalde de Vic es sistemáticamente lapidado por hacer exactamente lo mismo, pero adivinad qué, en Melilla, silencio absoluto, permeabilidad, Pedro Piqueras jamás hablará del caso melillense, sólo existía Vic.

A continuación un texto extraído del periódico Melillahoy a fecha 18-02-2009: “La ONG Papeles y derechos para todos denuncia que la Delegación del Gobierno ha denegado la solicitud que este lunes presentaron a la Oficina de Extranjería siete inmigrantes bengalíes, que pedían el permiso de residencia en España por razones excepcionales y humanitarias. Según la organización, la sede gubernativa no ha admitido a trámite estas demandas por obstáculos administrativos, a pesar de que los solicitantes proceden de Bangladesh, que ha sido en años recientes víctima de numerosas catástrofes naturales como el huracán Sidor, repetidas inundaciones y terremotos; todo ello en un país ya asolado por el hambre y una pobreza extrema. En repetidas ocasiones distintas instancias jurídicas, así como el Defensor del Pueblo, grupos parlamentarios y partidos políticos han dejado patente la necesidad de dotar a las personas que se encuentran en esta situación de algún tipo de documentación y permiso de residencia y/o trabajo que les permita salir de la situación de limbo jurídico en la que se encuentran. Eso es lo que han intentado los siete bengalíes, tramitando la cédula de inscripción y la solicitud de residencia por circunstancias excepcionales”.

Así, como quien no quiere la cosa, se nos hizo verano… caluroso, muy caluroso, como cada verano en la ciudad vallada. Pero a finales de verano, algo trágico sucedió, sí, lo siento, en esta historia no hay mucha cabida a la imaginación, la historia se repite. Como si del poema de Bertolt Brecht, Sail pensó, “Ahora me llevan a mi”… Una nueva redada, sin más, pero ahora se llevaban a los banglas, otra vez.

Pero… si lo que querían era deportarles, ¿por qué no lo hicieron en su día?, ¿por qué les han hecho esto? Han estado tremendamente desarraigados, cuando por fin consiguen cierto arraigo, entonces el juez dictamina una sentencia alegando, como argumentación jurídica: desarraigo.

¿Será que efectivamente se trataba de utilizarlos como cabeza de turco, como conejillos de indias del enorme laboratorio que a veces parece ser Melilla, para que sirva de escarmiento a quienes se les ocurra hacerlo, como castigo ejemplar, para que lo piensen dos veces antes de hacerlo, como diciendo: -“mirad, esto es lo que os espera, acabareis como ellos”-? De ser así, no es una medida en absoluto digna de un sistema democrático avanzado de garantías sociales.

¿FIN DE LA HISTORIA?

Es esta la historia que hay detrás de las tristes noticias que podemos leer hoy en diferentes medios periodísticos, que son sólo la punta del iceberg, pero que a menudo es lo único que alcanzamos a ver:

“A las 8 de la mañana de hoy, la Policía Nacional ha irrumpido en el CETI de Melilla y ha detenido a 50 personas allí alojadas de nacionalidad bengalí”. (citado por: Satar Azad, BARCELONA y publicado por el diario 20 minutos, Europa Press, 07.09.2010).

"Nos mantienen vivos pero no tenemos vida, yo he perdido 5 años de mi vida, dice Abdur Rahman,natural de Bangladesh.Yo vine a tener un futuro... y ¿dónde está aquí mi futuro?, ¿por qué no nos dejan salir de aquí?, ¿es que no hay humanidad en España?". Declaró el día 8 de septiembre Abdur Rahman, natural de Bangladesh, a radio ser.

“Melilla, 8 sep (EFE).- El Colegio de Abogados de Melilla ha pedido hoy que se tenga en cuenta la circunstancia de "arraigo" para los cincuenta inmigrantes de Bangladesh que han sido detenidos en la ciudad autónoma para tramitar su repatriación, tras cinco años acogidos en España”. (ABC).

Varias ONG protestan contra la expulsión de bengalíes tras cinco años en Melilla”. (10 Septiembre, ADN).

“Las organizaciones de inmigrantes y de la comunidad bengalí en Madrid y Barcelona han realizado actos de protesta tanto ante el Consulado bengalí en Barcelona como ante la Embajada bengalí en Madrid, reclamando la no colaboración de las autoridades bengalíes con estas expulsiones”. (Rojoynegro).

“El Consejo General de la Abogacía Española (CGAE) tiene previsto estudiar la posible ilegalidad que se ha cometido con la expulsión «masiva» de Melilla para su repatriación de casi medio centenar de inmigrantes de Bangladesh que llevaban alrededor de cinco años en España. En concreto, han sido 47 los inmigrantes bengalíes trasladados a la península para ser internados antes de su repatriación, tal y como establece la ley”. (Diario Sur, 10.09.10 ).

“Representantes de Prodein y APDH, además de otras organizaciones que siempre han acompañado a estos inmigrantes en sus iniciativas, decidieron relevarlos y concentrarse con sus cartones y pancartas en la misma plaza de siempre. El objetivo, además de protestar por la detención y expulsión de los 47 bengalíes, era sustituir a los diez o quince compatriotas suyos que se han quedado en Melilla y están escondidos, temerosos de ser detenidos en cualquier momento. La concentración, aunque pequeña en cuanto a asistencia, sí fue muy representativa de la idiosincrasia melillense, poco dada a las protestas e iniciativas de este tipo. -No habrán podido venir-, apuntó Palazón, señalando hacia UGT y CCOO, sindicatos de clase que han podido salvar sus últimas huelgas y concentraciones del Primero de Mayo colocando los petos y las banderitas a los bengalíes”. (El Mundo, 09/09/2010).

“Y de nuestros banglas qué decir. Personas que llevaban casi cinco años “arraigados” en esta tierra desaparecen de nuestra vidas, del trato afable y sincero preguntándose uno ¿no tenían derecho ni a poder acabar su mes de ayuno y sagrado?. ¿Tan urgente y necesario era el estilo Sarkossi a la española?. (Pedro Gallardo, publicado en http://www.elinformaldefran.com).

“Melilla, 9 sep (EFE).- El Consejo General de la Abogacía Española (CGAE) tiene previsto estudiar la posible ilegalidad que se ha cometido con la expulsión masiva de Melilla para su repatriación de casi medio centenar de inmigrantes de Bangladesh que llevaban alrededor de cinco años en España”. (Diario ABC, 09-09-2010. Agencia EFE).

PP pide al Gobierno que explique el acuerdo de repatriación con Bangladesh:

Melilla, 10 sep (EFE).- El PP ha pedido hoy al Gobierno que explique el acuerdo de repatriación al que ha llegado con Bangladesh y que ha permitido la expulsión de Melilla de alrededor de medio centenar de inmigrantes bengalíes tras casi cinco años acogidos en la ciudad.

El diputado del PP por Melilla, Antonio Gutiérrez, ha informado en rueda de prensa de que ha presentado una pregunta con el objetivo de conocer si, como aseguró el delegado del Gobierno, Gregorio Escobar, existe un acuerdo de repatriación, o si lo ocurrido con los inmigrantes es una "expulsión encubierta".

"Quiero saber si los inmigrantes están sujetos a un convenio con su país y cuáles son los aspectos concretos que se recogen en dicho convenio", ha manifestado.

Gutiérrez ha hecho público su "desagrado" por la forma con la que se ha gestionado la situación de los bengalíes, unas personas que estaban plenamente "integradas" en la sociedad melillense.

Ha recordado que, en la última respuesta dada por el Gobierno sobre este tema, se dejaba abierta la posibilidad de que los inmigrantes pudieran permanecer en España "por arraigo y buen comportamiento".

En opinión del parlamentario popular, en este caso se ha producido una "doble vara de medir", ya que sí se están dando permisos para permanecer en España a subsaharianos de países con los que existe acuerdo de repatriación.

Según Gutiérrez, muchos de ellos son trasladados a la península cuando apenas llevan 3 ó 4 meses en Melilla”. (Diario El Norte de Castilla, Agencia de noticias EFE, 10-09-2010).

“Melilla siente desde el martes la ausencia de los casi 50 inmigrantes de Bangladesh que han formado parte de esta ciudad en los últimos cinco años. Ese día, de madrugada, los siempre amables bengalíes fueron detenidos y llevados a los calabozos de comisaría para, desde allí, trasladarlos a declarar ante el juez. Ayer, cuando ni la ciudad se había despertado, fueron metidos en dos aviones rumbo a Barcelona.
Es como si el Gobierno se avergonzara de cómo ha actuado con estos inmigrantes, cuyo único “delito” ha sido recorrer miles de kilómetros para llegar clandestinamente a Melilla en busca de un futuro mejor. Ni siquiera imaginaban que estarían cinco años sin poder salir de la diminuta ciudad autónoma porque el Gobierno Zapatero era incapaz de llegar a un acuerdo con Bangladesh para que éste reconociera a sus compatriotas y permitiera su repatriación. Ahora, cinco años después y casi de estrangis, España ha firmado ese convenio, no se sabe a cambio de qué o de cuánto”. (José Palazón, publicado en http://melillafronterasur.blogspot.com/ a fecha de 11-09-2010).

“Un acuerdo entre España y Bangladesh abre la puerta de la repatriación a los bengalíes. Blas Jesús Imbroda (el decano del Colegio de Abogados de Melilla) recordó que estos inmigrantes no acaban de entrar, sino que en la mayoría de los casos llevan más de 5 años y merecen una oportunidad de vida y que se respeten sus derechos”. (Melilla hoy, Paqui Sanchez T. 11-09-2010).

BARCELONA, CIE:

Los teléfonos sonaron incesantes cuando nos enteramos de que a los banglas les habían montado en dos aviones rumbo a Barcelona. Nos pusimos en contacto desde varias organizaciones PRODEIN, Papeles y Derechos Para Todos, APDHM, La asociación de bengalíes de Santa Coloma, etc. así como conciudadanos de Bangladesh que querían visitar a sus paisanos al enterarse de lo sucedido, y por supuesto amigos.

Quedamos en la Plaza de España y desde allí, en varios coches nos trasladamos hasta el CIE donde se hallaban recluidos. Varios kilómetros, varias fábricas, todo un complejo industrial, un polígono repleto de fábricas y almacenes fue lo que tuvimos que atravesar hasta dar con este centro que se confundía entre los grandes hangares del extrarradio de Barcelona. Lo reconocí porque vi a un policía uniformado en el tejado, y por las vallas excesivas de su alambrada espinosa. De no ser por eso, a penas se diferenciaría del resto de edificaciones de chapas y materiales baratos. Al bajar del vehículo el sonido torpedeante de un avión me obligó a alzar la vista, estábamos cerca del aeropuerto, puesto que el avión que se disponía a aterrizar, volaba realmente bajo. Esa fue la primera impresión que me llevé de este centro, tan diferente del CETI, que en adelante me parecería muy similar a una cárcel propiamente dicha.

Antes de entrar acordamos a quien iba a visitar cada uno de nosotros, para ello debíamos memorizar un número de cuatro dígitos que era el que identificaba a cada uno de los reclusos, me vino entonces a la memoria una pancarta que portaban tan dignamente mis amigos y que rezaba “no somos números”, paradojas. El policía de la entrada nos identifica mediante los documentos de identidad y nos dice que esperemos en una pequeña sala. Vamos entrando de dos en dos.

Una vez en la sala de “comunicaciones” una pantalla transparente, pero con una verja metalizada nos separa. Un teléfono a cada lado del cristal, y ojos rojos. Caras de alegría, de sorpresa, de esperanza al vernos aparecer, pero esa emoción impulsiva no eclipsaba la preocupación y el terror que estas personas están pasando. Y al otro lado, en el nuestro, en el de las personas libre, un nudo en el estómago y esfuerzo por sonreir, por no parecer afectados e impactados. Hablamos de todo, de Melilla, de la situación actual que ellos tienen ahora, de nuestras familias, de amigos en común… Uno de ellos hizo una pregunta a mi compañera: -“¿es bonito Barcelona?”-, se me rompió el alma. La sala era luminosa, tenía otro cristal a través del cual los policías veían nuestros movimientos y supongo escuchaban nuestras conversaciones. En la pared un cuadro de Katharine Hepburn, y otro de Bob Marley fumandose un canuto, sí a mí también me sorprendió. El trato de los funcionarios fue correcto, les entregamos algunas cosas para aseo personal, aunque no pudimos dejarles bolígrafos, puesto que, igual que sucede en los centros penitenciarios, allí son considerados “arma blanca”.

Salgo de allí espeluznado, como mis compañeros, estas personas están encerradas, privadas de libertad, en régimen cerrado, pero no son criminales, ni delincuentes, todo lo contrario. Mencionaré además que un empresario de Bangladesh, poseedor de varios negocios en Barcelona les ha ofertado puestos de trabajo, y no es el único. Es decir, personas que llevan más de 5 años en España, sin antecedentes ni en su país de origen ni en España, con cursos de lengua española, así como de formación profesional realizados por una entidad pública española, que vivieron día a día con vecinos de Melilla, que se ganaron el cariño de los melillenses, y reitero con contrato de trabajo (pero sin permiso) son encerrados como criminales, y tratados de ser expulsados.

“El problema, según José Palazón, son las consecuencias psicológicas que esta incertidumbre genera en los inmigrantes, “ellos mismos decían ’si vuelvo me mato’. Son personas que llevan mucho tiempo en España si vuelven a sus países lo hacen como unos fracasados. Dejaron a sus familias en muchos casos arruinadas y ellos eran su esperanza. Lo que está haciendo el Gobierno que se hace llamar socialista es inhumano, pero ya nos tiene acostumbrados a tratar así a la inmigración”. (Periodismo-humano.com, 08.09.2010 . Lydia Molina).

“Ya están en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Barcelona 47 de los 50 bangladeses detenidos en Melilla hace tres días. El juez autorizó ayer por la mañana su traslado a la península para ser deportados en menos de 60 días, el tiempo máximo que pueden estar encerrados en un CIE los inmigrantes, según la Ley de Extranjería. Si no se lleva a cabo la expulsión en esos dos meses, quedarán en libertad. Algo poco probable según el Delegado de Gobierno en Melilla, Gregorio Escobar, que ha confirmado los rumores que tenían los inmigrantes sobre el acuerdo entre el Gobierno español y el Bangladesh, quien “ha reconocido la necesidad de repatriar a los ciudadanos de su nacionalidad” que hay en España. Bangladesh reconoce esa necesidad cinco años después de que llegaran los primeros once del grupo, a los que como a todo inmigrante irregular que llega a España, se les recibió con una orden de expulsión. Las órdenes “caducan” a los cinco años si no se han llevado a cabo y las suyas iban a hacerlo entre octubre y diciembre. Escobar justifica la demora amparándose en que “los procesos llevan su tiempo y, cuando se culmina la posibilidad de la ejecución material de su repatriación, es cuando se lleva a cabo”. (Periodismohumano.com, Lidia Montilla, 10.09.2010)

La historia de Sail no es ni la más dramática, ni la más significativa, es una historia más. De eso se trata, de que sirva como una historia “standard”. Cuando hablo de Sail, hablo del colectivo bangla de Melilla, y es extrapolable a cada una de esas dignas personas que he tenido la suerte de conocer. Me consta que hay abogados, políticos de todos los colores, gente de a pié y organizaciones que les han ayudado, apoyado y les ayudan en todo lo posible de una manera desinteresada, de corazón, a todos ellos y a los banglas les aplaudo.

Espero poder escribir un final alucinante, en fin al menos me queda la ilusión, y mucha energía para seguir apoyándoles. Porque no están solos.

Miguel Zamorano Galán